Esta historia la hice hace ya demasiado tiempo, cuando pololeaba con alguien a quien se la dediqué, por ello muchas de las palabras tienen su razon de ser en lo ke él mismo decía. La encontré hace un par de días en un diskette olvidado, y la iré poniendo en trozos pk es un pokito larga... ahora ke pienso en el, me gustaría saber que está bien, y ke sepa ke aún le tengo mucho cariño a pesar de ke hace mil ke no nos vemos.

...No se creía normal, se estimaba un ser superior a cualquier ser en el universo, creía ser un ganador de aquellos respetados y temidos, se cerraba a toda verdad que no fuese la suya.
Un alma encerrada en cuerpo que no le merecía, o quizás un cuerpo amarrado contra su propia voluntad a un alma que no era de su estatura. Difícil saber quien era más orgulloso, su cuerpo o su alma, los enigmas divinos no deben ser discutidos por simples seres humanos como yo, y es que él en su mente era un ente metaempírico, incluso más que aquel dios reverenciado por la mayoría de esta humanidad. Su hogar, siempre repetía, no sé si en broma o tal vez en serio, no se encontraba en esta tierra ubicada en la periferia de un pobre sistema, sino en el Olimpo, la tierra de los dioses, lo que ocurría era que Zeus celoso lo envió a la tierra para deshacerse de un rival como él y evitar así el que ocupase su puesto.
En su pensamiento no existían obstáculos, sólo metas, sólo banderas de llegada tal como en las carreras de autos, y aplausos, muchos aplausos, infinidad de gente aplaudiendo. No sabía, no se quería dar cuenta que cuando en este mundo nadie te aplaude, ellos hay que imaginarlos, y se desean tanto, tanta llega a ser la desesperación por alcanzarlos, que se sueña con ellos, despierto y dormido.
En sus sueños siempre aparecía rodeado de personas a quienes les interesaba, que le amaban, dispuestas a dar su vida por él, por sólo una mirada, por sólo un beso. Cientos de mujeres ansiosas de sólo pensar en tocar su mano y sentir su tibio calor. Pero despertaba y nadie había a su lado, sólo una almohada a quien abrazaba dándole un nombre y sentimientos imaginarios.
Cientos de veces repetida la palabra te quiero, grandes mentiras a oídos por él no deseados, y es que ninguna mujer era lo suficiente para él, aunque no creía ser muy exigente, sólo decía que no quería conformarse con tan poco, que merecía más que las pobres cosas que ellas le ofrecían.
Sin embargo lo que creía merecer nunca aparecía.
Conocía bastantes mujeres, había salido con muchas, pero todas le parecían iguales, diferentes cuerpos, diversas caras, pero la misma superficialidad
interior. Sólo en su mente existía la mujer perfecta, aquella casi tan perfecta como él, su complemento, aquella que de veras merecía su amor, por la que había esperado tanto tiempo.